Ky_Kiske
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Aquí dejo el que fue mi primer relato erótico. Espero que os guste.
Llevan más de cinco años como pareja y conocen el cuerpo de la otra persona como si fuera el suyo propio. El sexo, aunque al principio hubo algo de imaginación y creatividad, se ha convertido en algo monótono y aburrido. Por esta razón, él decide darle una sorpresa a su chica. Lo primero que hace al volver del trabajo es rodearla con sus brazos y darle un cariñoso beso en el cuello. Después, le pide que cierre los ojos. Acto seguido, se los venda. La tranquiliza diciéndole que no debe preocuparse por nada, que todo eso forma parte de un juego. Que se relaje y disfrute.
Con delicadeza y dulzura, como el que está manejando material altamente frágil, comienza a desnudarla. La acompaña hasta el dormitorio, donde le indica que le espere tumbada en la cama. Se dirige hacia la cocina no sin antes darle un cariñoso beso en la mejilla. Una vez allí, abre el congelador con cuidado para que ella no lo pueda escuchar. Saca un cubito de hielo. Con delicadeza lo envuelve en un trapo no demasiado grueso y se dirige con precaución hacia la habitación.
Una vez allí, se tumba junto a su amante y empieza a seguir el contorno de su cuerpo con el paño que oculta el hielo. Empieza por la cara, dibujando su forma con delicadeza. Al contacto con el frío, ella grita, pero después del primer golpe, empieza a sentir también cómo un calor emana de su interior.
Después del fino rostro de su compañera, empieza a bajar por los hombros, recorre sus brazos, siluetea su figura. Acto seguido, empieza a dibujar el contorno de los senos describiendo un círculo alrededor de sus pezones, que reaccionan al frío volviéndose duros cual boquillas de cigarrillo.
Ella empieza a sentir los estremecimientos del éxtasis cuando su compañero baja por su vientre, el monte de Venus y se detiene en el clítoris. Aquí él se recrea haciendo movimientos circulares y provocando en ella la consecuente reacción. El néctar interior de ella empapa su mano y el trapo con el hielo, ya prácticamente derretido. Una vez que el hielo está completamente derretido, se dedica a contemplarla durante unos segundos. La besa en los labios, saboreándolos, sintiendo su perfume. Empieza a descender por el sinuoso cuerpo de aquella que un día decidió que sería su compañera de batallas. Mientras lo hace, ella le pide que le deje quitarse la venda, pero él le dice que no, que todavía es pronto.
Él empieza a cubrir de besos el cuerpo de su amada, sintiendo cómo se estremece al contacto de sus labios. Especialmente cuando se detiene a lamer amorosamente sus senos y mordisquea con ternura sus pezones, provocando un estremecimiento convulso en el cuerpo de aquélla que en tantos malos momentos le había acompañado. En realidad esto era una forma de darle las gracias por todo lo que le había hecho pasar. Sigue bajando, besando y acariciando cada centímetro de su cuerpo.
Se detiene un momento en su vientre, nota su respiración agitada y convulsa. Tras unos breves instantes, continúa. Ella le vuelve a pedir que le permita quitarse la venda, pero el le dice que dentro de poco él mismo se la quitará que falta poco, pero que se dedique a disfrutar del momento. Que era lo mínimo que podía hacer en compensación por los años de apoyo y fidelidad sin exigir nada cambio.
Entonces ella calla unos instantes antes de volver a gemir de placer al sentir los labios de aquél que tantos malos momentos había compartido prácticamente sin protestar y que le estaba dando aquél regalo tan especial. Se detiene al llegar al monte de Venus. Acaricia amorosamente el delicado vello que allí crece haciendo que el cuerpo de ella produzca otro estremecimiento de placer.
Entonces, sin aviso previo, él empieza a acariciar su clítoris y los labios mayores, provocando una nueva sacudida de exquisito placer en su compañera acompañado de una nueva descarga de néctar de amor. La besa en los labios y le dice que la ama como si se acabaran de conocer. Mientras se lo dice, le quita la venda a su compañera, su cómplice, su amiga. En sus ojos puede ver las lágrimas que derramó por las palabras de amor que le dijera antes. Se mantienen abrazados durante un largo momento antes de que esta vez sea ella la que empezó a acariciar el cuerpo de él.
La piel de aquél que le había proporcionado esa dulce tortura estaba hipersensible a sus caricias y no tardó demasiado tiempo en tener una erección. Entonces ella sonríe con picardía y comenta que tendrá que bajarle la hinchazón.
Con gran habilidad logra exprimir el jugo del miembro viril de su compañero. La noche se llenó con la sinfonía de gemidos y jadeos de ambos. Probaron posturas que hacía tiempo que no hacían y se sorprendieron de ser capaces de realizarlas. Se durmieron abrazados y al despertarse siguieron un rato más mirándose a los ojos con el fuego que prendió el día en el que se conocieron.
Se besaron, se ducharon, comieron algo y desde entonces se esforzaron por mantener siempre viva la hoguera que resurgió en el momento en el que más lo necesitaban ambos. El fuego se mantiene vivo. Cualquiera lo puede ver arder en el brillo de los ojos de ambos.
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