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Tema: Amor en silencio (Leído 988 veces)
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LOVEGIRL
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Me despierto como todos los días con una sonrisa dibujada en mi rostro, recordando detalles de nuestro encuentro de anoche. Revivo en mi mente cada detalle, cada beso, cada caricia y como me haces tuya todas las noches, a escondidas de los demás.
No quiero pararme de mi cama, quiero seguir recordando, ¡Soy tan feliz pensando en ti! No quiero regresar al infierno de mi monótona vida diaria. Sigo pensando en lo maravillosa que fue la noche. Me apetece tocarme pensando en ti, comienzo a acariciarme los senos por encima de mi bata, cierro los ojos e imagino que mis manos son las tuyas, voy bajando lentamente, recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, llego a mi tanga que ya esta húmeda en ese momento, me dispongo a meter la mano dentro de ella para seguirme tocando, cuando un grito me aleja de ese placer:
- ¡MIRIAM, LEVANTATE YA!
Me paro y en ese momento, entra mi madre a mi habitación:
- ¡Ya Miriam!, se te va a hacer tarde de nuevo para llegar a la universidad. - Si mamá, ya voy – le contesto en un tono aburrido, mientras la veo salir de mi habitación vociferando: - Ya estoy harta de ti, siempre levantándote tarde, tengo que venir yo todos los días a despertarte, a ver si ya te vuelves más responsable, ya no tienes 10 años…
Su voz se va distanciando, al igual que mi mente, así que no logro escuchar el resto de sus palabras.
Hago mi rutina diaria, escoger ropa, agarrar mis libros, desayunar si me queda tiempo y encaminarme como todos los días hacia la universidad. Mientras camino, sigo pensando en ti. ¡Como desearía estar en este momento contigo! Unas risas me devuelven a la realidad, como siempre, burlas dirigidas hacia mí por donde paso.
Como si el nombre Miriam, significara chiste. Si bien no soy una belleza, mi aspecto no ayuda mucho, ropa no muy a la moda digna de una señora de 60 años, escogida por mi madre con la excusa de: “Las faldas modernas son muy cortas”, un cuerpo, que, de ser lucido, causaría envidias, alta, pechos de buen tamaño, cintura marcada, nalgas y piernas bien torneadas, una timidez excesiva y una tristeza en los ojos, oculta detrás de unas gafas.
Rijo mi vida en lo que mis padres quieren, estudio lo que me impusieron ellos; Leyes, no me dejan salir, a excepción de algunas tardes que me dejan ir a leer al parque, no tengo amigos y mucho menos me dejan tener novio. Nunca había estado con un hombre, pero, para algo sirve el Internet ¿no?, por las noches me masturbaba soñando ser aquellas chicas, verme como ellas y estar haciendo lo mismo que ellas. A mis 20 años vivía refugiada en mis libros de versos y poemas.
Hasta que un día, cuando me encontraba leyendo, somnolienta en las bancas del parque, apareció él. Daniel, que con sus ojos verdes, llegó a darle una chispa de alegría a mi vida. Me habló, con una dulce voz que me decía: -¿Por qué tan triste? Recuerdo que comenzamos a charlar, puras tonterías salían de mi boca, estaba nerviosa, él solo reía y me hacia preguntas, no podía creer que alguien tan bello como él estuviera, por más de 5 minutos dirigiéndome la palabra sin aburrirse. Alto más de 1.80 de estatura, blanco, unos bellos ojos verde esmeralda, cabello largo y lacio que le llega a la mitad del cuello y metido detrás de las orejas a ambos lados, cuerpo delgado, pero atlético. Cada nueva tontería que decía, lo hacia reír más, por lo que yo me sonrojaba y él me calmaba agarrando suavemente mi barbilla. Hasta que me exalté al recordar que tenia que regresar a casa:
- Me tengo que ir – regresó a mi voz aquel tono de tristeza. –Mucho gusto Daniel. - ¿Te puedo volver a ver? – me preguntó mientras se acercó para darme un beso en mi mejilla. - Claro – le contesté, pero pensando en que Daniel no sabría donde encontrarme. – Pero no se cuando regresare al parque. - No te preocupes yo sabré encontrarte.
Buscando mis libros, mire de nuevo buscándole y así como había aparecido súbitamente, de la misma manera se había marchado.
Esa tarde los gritos, las peleas, los regaños, fueron apenas percibidos por mi cabeza, solo me limitaba a responder – Si mamá, si papá. – Mi mente solo podía pensar en Daniel, aun sin creer lo que me había pasado, pensando veinte mil cosas, preguntándome cosas entupidas, ¿En serio se divirtió conmigo? ¿Acaso se acerco por lástima? ¿En realidad lo volveré a ver? Pensando que tal vez solo se haya acercado a mí por lástima, regrese a mi cuarto, entrando de nuevo a mi mundo real, me acosté para leer un libro más, de las tan aburridas leyes, mis ojos se cerraban, pero tenia que terminar de leer. Mis calificaciones no iban muy bien, como para darme el lujo de no cumplir con una tarea. Cuando un ruido en mi ventana, me saca de mi intento de concentración.
Le vi ahí, entrando por mi ventana, ¡no lo podía creer!, me había encontrado. Mi primera reacción fue de espanto, pero el mirar esos ojos, una vez más, me relajó:
- Te dije que te iba a encontrar. – dijo con una mirada picara – Cuando me interesa algo siempre lo consigo. Yo solo callé, seguía nerviosa sin poder creer aquello.
- Ven vamos a platicar un rato – Me tomó de la mano mientras me sacaba por la ventana.
Me llevó al mismo parque donde nos conocimos esa tarde, estuvimos platicando por horas, música, libros, cine, sin poder creer siquiera que alguien así apareciera en mi vida, le agregaba el hecho de que tuviéramos los mismos gustos. Me regresó a mi cuarto, dándome un dulce beso en los labios como despedida.
Y así fueron pasando los días, donde noche tras noche, aparecía en mi ventana, pláticas, risas, besos, caricias, que hacían que la noche se pasara volando. Empezaba a descubrir a Miriam, la mujer, comenzaba a desearle. Durante las tardes me tocaba pensando en él, en sus besos y en sus caricias. Deseaba como loca hacerle el amor. Una noche como siempre, mientras nos encontrábamos en el parque, las caricias y los besos fueron subiendo de tono. Cómo me besaba de una forma tan dulce, pero profunda al mismo tiempo. Me besaba las orejas, el cuello, mientras sus manos exploraban mis pechos por encima de mi blusa. Me sentía excitada, yo le respondía de la misma manera, mordía suavemente su labio inferior, mientras le acariciaba la nuca, mis caricias fueron bajando hasta su pecho, y fue así como salieron de mi boca esas palabras, que deseaba pronunciar desde días atrás: - Daniel, te deseo, hazme tuya mi amor. – cerré esta frase con un leve mordisco en tu oreja. - Ven conmigo – me tomó de la mano, yo solo me deje llevar.
Llegamos a su apartamento, nos besamos de una manera tierna, me abrazó y poco a poco los besos se fueron haciendo más candentes. Me apoyó contra la pared sosteniendo mis manos en alto, nuestras bocas se unieron una vez más, esta vez de una forma apasionada, nuestras lenguas jugaban, sentía tu aliento convertirse parte del mió, fue cuando realmente comprendí esas palabras de los poemas que leía:
“Bésame con el beso de tu boca, Cariñosa mitad del alma mía: Un solo beso el corazón invoca, Que la dicha de dos… me mataría.”
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Sus besos, fueron llenándome toda, me besó en la oreja, jugando con su lengua en mis lóbulos, sentía su respiración, tan agitada y caliente. Bajó a mi cuello, besándolo, rozándolo con su lengua mientras me quitaba la blusa. Su lengua fue bajando poco a poco, recorriendo cada milímetro de mi cuerpo, nuestras manos, entrelazadas, no deseaban separarse, se detuvo en mis pechos, chupándolos, mordiéndolos, saboreándolos, como si de un bebé se tratase, su lengua jugaba alrededor de mis pezones hinchados por el placer que me producía, dándoles pequeños mordiscos que me hacían dar pequeños brincos, realmente fue delicioso. Una vez más su lengua se dedicó a hacer lo propio, bajando una vez más, en línea recta por mi estomago, dejando rastro por donde pasaba. Mientras más abajo llegaba, iba bajando mi falda. Se quedó quieto un momento observando el espectáculo ante tus ojos, comenzó a besar mi coño por encima de mi tanga, su lengua intentaba entrar por los costados, jugueteaba con mis ganas, pero no habían prisas, teníamos toda la noche, siendo solo suya, y él, solo mío. Subió de nuevo besando mi vientre, mientras me despojaba de mi tanga, comenzó a besar mi coño, mientras yo le acariciaba la cabeza, mis gemidos y suspiros iban en aumento y eso provocaba que se volviera loco, me lamía con tanta desesperación, como si se tratase de un manjar y él, un niño con hambre.
Se incorporó y me volvió a tomar de la mano llevándome a su cama, me recostó separando mis piernas, dejando mi coño a su merced, separó los labios con sus dedos, dejando campo abierto a su lengua que se dedicó a jugar con mi clítoris, dos de sus dedos comenzaron a recorrer toda el área, acariciando mi clítoris, bajando hacia la entrada de mi vagina, y rodeando mi ano. Su lengua siguió jugueteando, besando mi clítoris y penetrándome, yo no paraba de gemir, amándolo y deseándolo como a nadie. Su lengua volvió a jugar con mi capullo, succionándolo, rodeándolo, mordiéndolo. En ese momento sentí, como introdujo sus dedos en mi vagina, era un mete y saca lento, los movía dentro. Yo ya no aguantaba más, mis suspiros y gemidos, llegaron prácticamente a los gritos de placer, y el aumentando la velocidad de sus dedos y su lengua, llevándome a un orgasmo que ya era inevitable.
No podía más y él lo sabia, se despojó de su ropa y se coloco encima mío, comenzó a besarme nuevamente, dejando su pene a la entrada de mi vagina, solo jugaba, sabia que lo deseaba dentro, pero no lo hacia, no paraba de besarme y acariciarme mientras su verga jugaba alrededor de mi coño que lo esperaba son ansias, yo me movía con desesperación para permitirle la entrada, hasta que él mismo lo hizo de una manera dulce y suave. Sentí como iba entrando esa polla caliente dentro de mí, con una mezcla de dolor y placer, poco a poco fue abarcando todo, sentir como un falo caliente recorre centímetro a centímetro mi interior, una vez dentro se detuvo, me miro a los ojos y dijo:
- Te amo, Miriam.
Comenzó a bombear suavemente, sus caderas se movían en círculos, y poco a poco iban aumentando de intensidad, siendo más bien estocadas, que combinado con los pequeños mordiscos en mis tetas, me arrancaban gritos de placer, yo me sentía en las nubes, era suya de ahora en adelante, el ritmo de su penetración iba variando, rápido, lento, la sacaba por completo y la pasaba por mi clítoris rozándolo, me volvía a penetrar de forma violenta, bombeando ahora con mucha más intensidad que antes, ya no podíamos más, nuestras respiraciones se encontraron en un orgasmo, que nos arrancó un pequeño grito mientras nuestras lenguas estaban entrelazadas.
Me sentía feliz, plena y más enamorada, nos quedamos abrazados, mientras pasaba mis dedos entre sus cabellos, comprendí mucho más, esos poemas a los que a veces, no les hallaba sentido:
“Hay un cielo, amor, en tus brazos, Siento de dicha el corazón opreso… ¡Oh! sostenme en la vida de tus brazos Para que no me mates con tu beso.”
- Este es nuestro pequeño secreto amor. – Me dijo, mientras besaba mi frente. - Lo se, tu y yo por siempre.
Esa noche dormí como bebé, con una sonrisa en mi rostro que, ni las más terribles pesadillas hubieran podido quitarla.
Al día siguiente, estaba tan feliz y con mi mente divagando, recordando absolutamente todo lo ocurrido la noche anterior. Ni siquiera las burlas diarias de mis compañeros causaron efecto alguno, solo pensaba en estar de nuevo entre sus brazos.
Pero esa dicha no podía durar para siempre…
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Aunque mis noches con Daniel cada vez son mejores, encuentros llenos de amor, lujuria, caricias y sobre todo mucho sexo. No se comparan con el aumento de sufrimiento en mi vida diaria. Debido a mis “ocupaciones nocturnas” he descuidado mucho la escuela, llevo reprobadas tres de seis asignaturas, y en la universidad, las burlas ya no solo son por ser la fea, sino también ahora por ser la burra. Y ni hablar del maltrato que recibo en casa, siempre he sufrido maltrato psicológico.
Por fin llego a la escuela, entre burlas que trato de ignorar, pero aun así, doliéndome como cientos de dagas. Me siento como siempre en la esquina, me escondo tras un libro, me siento cansada, quisiera descansar un rato, pero, la voz del rector llamándome me hace reaccionar:
- Miriam acompáñame por favor.
Me levanto de mi banca en total silencio siguiéndolo hasta su oficina.
- Mira, el problema es este. Haz reprobado tres asignaturas cuando el mínimo para pasar al siguiente semestre son dos. – me dice mientras golpea su escritorio con una pluma. - Si lo se Señor, pero es que he tenido muy malos días. – Le contesto en un tono no muy preocupado. - Es una lástima, pero el reglamento hay que respetarlo, lo lamento pero te tenemos que dar de baja. Por favor pasa mañana por tus papeles. - OK gracias señor. – le contesto mientras me paro y salgo por la puerta.
Lo que me espera en mi casa no debe ser mucho mejor... Llego a casa, les comento a mis padres la situación, y, por primera vez, mi padre me golpea, enfurecido por mis bajas notas, me reprocha todo lo que ha invertido en mi educación.
- ¡Pero papá!, eso no es lo que yo quería estudiar. – Le contesto mientras un hilo de sangre corre por la comisura de mis labios. - Me importa un comino, esa carrera era lo mejor para tu futuro y ahora lo has echado todo a perder. – Me contesta mientras me suelta otra cachetada con todas sus fuerzas.
Pero su furia iba en aumento, y las bofetadas se convirtieron en golpes a puño cerrado. Yo ya no soporto más este infierno, ya ni siquiera me van a dejar salir al parque, lo único que me haría sentir mejor es verle a él…
Llega la noche como siempre esta por mí a la misma hora. Nos dirigimos a su apartamento, yo sigo llorando y el solo bebe mis lágrimas con tanta ternura, que hacen que estas cesen. Lo beso con la misma ternura que él me produce con sus besos, pero, esa ternura despierta en mi el deseo que siempre he sentido por él, no se si sea por mi situación del día, pero me vuelvo loca. Lo echo a la cama y lo despojo de su ropa como si fuera un acto de magia. Me abalanzo sobre esa polla que tantas noches me ha llenado de placer, y la introduzco a mi boca de una sola estocada.
La cara de asombro de Daniel me pone a mil, y esto hace que baje la intensidad de mi mamada. Me comienzo a concentrar en el glande, chupándolo como una deliciosa paleta de fresa, pasándole la lengua, cubriéndolo con mis labios, mientras que con una mano masturbo el tallo de su pene. Cada que aprieto mis labios y succiono el glande, dice un ¡Uy! Que me pone aun más húmeda. Sin parar de masturbar introduzco toda aquella deliciosa polla dentro de mi boca, la vuelvo a sacar y la recorro toda con mi lengua hasta llegar a los testículos, los amaso, los absorbo, y juego con mi lengua, recorriendo el mismo camino de regreso hasta el pene. Él solo mantiene cerrados los ojos, le estoy dando una mamada descomunal. Mi boca sube y baja por su polla cada vez con más velocidad, intercalándolo, de vez en cuando con mamadas lentas. Cuando me advierte que está apunto de correrse, dejo su polla y comienzo a besarlo recorriendo todo su cuerpo con mis besos, no deseo que se venga todavía, quiero esa leche para mí.
Comenzamos a besarnos, prolongando aquella eyaculación, estoy encima de él y poco a poco, voy bajando, introduciéndome aquella verga que de un momento a otro estallará. Una vez dentro, me aprieta fuertemente las nalgas, subiéndolas y bajándolas, provocando él mismo las estocadas. Y como estaba predicho, no tarda en correrse ni cinco minutos. Yo solo quería sentirme como ahora, llena de su semen, sentirme amada y siendo solo de él.
No puedo contener el llanto de nuevo, lo abrazo fuertemente y le digo:
- Daniel no puedo más, ya no aguanto el infierno en el que vivo. Por favor llévame contigo. - No nena, aun no es tiempo, es muy pronto. – Me dice mientras me pasa la mano por el rostro. - Por favor, te lo suplico, quiero estar contigo. – Le digo llorando aun más fuerte. - No Miriam, todavía no. Vamos mejor te regreso a tu casa.
Esta noche te has despedido de una manera muy fría, diciéndome que me amabas, pero que aun era muy pronto para estar contigo. Lo entiendo, pero no quiero aceptarlo…
Han pasado 5 días y Daniel no me ha vuelto a buscar, me siento perdida sin él. Las cosas en casa van de mal en peor. Los gritos han aumentado, y yo, me la vivo encerrada en mi habitación llorando, extrañándote. No aguanto más, tendré que huir de esto.
Ya es de noche y mientras mis padres se encuentran dormidos, entro silenciosamente a su baño, tomo el frasco de somníferos de mi madre y me dirijo a mi cuarto… 1, 10, 20, 50, 70 pastillas que ahora se encuentras en mi organismo. Me recuesto esperando que hagan efecto. Se que no te gustará esto Daniel, pero espero lo entiendas mi amor. Mientras espero tengo mis últimos pensamientos…
Bueno no se siente tan mal después de todo, pensé que dolería… ay mi amor, ojala no te enojes conmigo, pero no me quedó más que…
- ¡Hola Daniel!, mi amor, ¡Por fin estamos juntos!
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