Suriel75
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Soy un chico sencillito de unos 30 años. De Illas, cerquita de Avilés.Nací de forma apresurada con solo 7 meses de gestación y creo que ahora... lo estoy pagando.Siempre fuí el "gordito" de todos los lugares de culto y creo que arrastro una ligera falla emocional básica, en fín... me encanta leer y estaría destrozando libros si me pagasen por ello.El cine ya no es lo que era (ni el de la canción del Sabina), pero sigo intentándolo. Ultimamente me da por la psicología y la Filosofía.Sería capaz de descender a los infiernos escuchando a Silvio, a ismael Serrano, al Aute o al Sabina (con algo de rock nacional... de los ochenta-noventa, del bueno...hasta la Marea).El sexo libre sigue siendo impoliticamente incorrecto pero tremendamente espiritual, creo que me destrozaría la posesividad absoluta... Solo busco coincidencias. Mi emilio es el siguiente : fariseo_x@hotmail.com.
[i][/i][center][/center][b][/b]Un punto de partida
Los vanos mundos, aquellos de arte menor que desdibujan artistas adolescentes en las anotaciones al pié de página de un mapa falsificado, los otros, los contrarios, las suposiciones acotadas que dan paz a los sepulcros por decisión anárquica de un puñado de metáforas, las confidencias las condenas regresadas a la pequeña taberna del puerto que huye de la peste, las advertencias, las señales, los candados luminosos que persisten en abrirse, la intrusa que en voz baja recuerda que has llegado, la noria los escaparates, la calle que nunca cruzaré para llegar a tiempo, la noche extravagante que se masturba como prueba de su amor irrefutable ante un gendarme sobresaltado por la prisa, el secreto profesional del estraperlista que gana el juicio y pierde la locura, las coartadas dispuestas en orden alfabético, todo lo fugaz, las palabras privadas de las niñas que pasean sin braguitas bajo su pantalón ceñido y radiante, el olor de un tacto en la memoria y la sustancia, los curas, las orgías, el catálogo de libros platónicos con náuseas existenciales, la borrachera el tiempo salvaje y desconocido de las acometidas, el reflejo evanescente de las olas, un mendigo que busca monedas en su bolsillo raído y sonríe una mueca burlona enseñando el fracaso de sus pocas caries, el olvido las disculpas que tratan de acercarse sigilosas como un soneto nocturno para morder acariciar la carne más dura de los senos, la inocencia, los anuncios por palabras, esa forma de mirar que estremece las entrañas por encontrar el fondo, el tísico que fuma a hurtadillas, la enfermera cómplice de todo, la culpa como un juego arrepentido, un punto de partida, alguna idea, una boca que bosteza a la hora del desayuno, las madrugadas ociosas saciadas por el sexo y la fatiga, el abracadabra susurrante de los labios, el deseo, el silencio, las neuronas, la sombra trivial y narcotizada de los pasos en el suelo, una vida irreal que brinda por la muerte y los amigos de la infancia a la luz de la guerrilla, la alquimia de los hechiceros en la anécdota de un cine, las mareas lentas, el oleaje bronco, la marca de fuego de las manos que buscan el sabor de un crepúsculo.
De otros diluvios se han hecho las soledades.
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