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Tema: Cuando el morbo toma las riendas (Leído 242 veces)
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sergio1985
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Son las 6 de la tarde y pico en vuestra puerta. Me abrís la puerta y me pedís amablemente que pase, a lo que accedo. Entramos al salón, nos sentamos en el sofá y comenzamos a charlar. Habíais contactado conmigo para requerir mis servicios jurídicos, ya que habéis tenido un pequeño percance con un arrendamiento y queréis solucionarlo cuanto antes posible. Yo, tras escucharos, saco unos papeles y os voy explicando brevemente cuatro nociones básicas sobre el tema en cuestión. Vosotros me miráis y escucháis atentamente, pero me doy cuenta que la mujer me mira muy fijamente. Me pongo algo nervioso, pero consigo controlarme. Ella va vestida de un modo muy sexy: Lleva una falta negra de tamaño medio, una blusa blanca, el pelo recogido y unas sandalias con algo de tacón. Debe rondar los 40 años, y se conserva de un modo espléndido. Poco a poco, sin darme cuenta, voy poniéndome caliente. No obstante, el calor no es sólo interno, sino externo, ya que no tenéis ni ventilador ni aire acondicionado. Debido al calor, ella se levantará para traernos unos refrigerios y continuar charlando sobre el asunto detenidamente. Le pedimos dos cervezas y el marido y yo continuamos hablando.
Ella, al llegar a la cocina, antes de preparar las cervezas, se quita las bragas y el sujetador. Se desabrocha un poco la blusa más o menos a la mitad, para que se insinuen un poco sus pechos. Le excita mucho la situación creada y quiere regodearse. Quiere ponerme nervioso. Al cabo de unos minutos, aparece con tres cervezas. Al colocarlas sobre la mesa, encorbándose ligeramente, me doy cuenta de la ausencia del sujetador. Sin embargo, continuamos hablando como si nada. El marido se ha dado cuenta y entre ellos se intercambian sonrisas cómplices. Yo me pongo nervioso, empiezo a empalmarme y con estos pantalones se va a notar... pero no puedo evitarlo. Seguimos hablando durante un rato y ella, con intención de que me fije, va moviendo las piernas, cruzándolas, abriéndolas ligeramente para que yo me dé cuenta de que tampoco lleva bragas. Mi excitación alcanza un límite increíble cuando ella pone los dos pies sobre la mesita que hay delante del sofa y puedo apreciar su chochito desnudo a la perfección. En ese momento, en el que ya se me trababa la lengua, a ella se le cae la cerveza por encima. Le cae por toda la blusa y se pone verdaderamente perdida. Yo me pongo todavía más nervioso. Rápidamente, el marido se levanta y le dice que no se mueva, que va a por un trapo o algo para secarla y para evitar que se empape el sofá. En un abrir y cerrar de ojos, él desaparece de la escena y me quedo a solas con ella.
Nos quedamos los dos callados, mirándonos fijamente. Ella me mantiene la mirada, pero en un momento dado baja la mirada a mi pantalón y descubre la potente erección que llevo. Yo, por otro lado, me doy cuenta de las transparencias de la blusa mojada y vislumbro el contorno de sus tetas y sus dos pezones, que empezaban a ponerse duros. Casi sin pensar, de manera instintiva, le digo que me veo en la obligación de secarla antes de que coja frío. Me acerco y empiezo a comer sus tetas por encima de la blusa, apretándolas con suavidad para que la cerveza empapada se deposite en mi boca. Sin darme cuenta, mientras como un pezón voy pellizcando con morbo el otro y empiezo a notar la excitación de ella, que respira con mucha fuera sobre mí. A cabo de unos minutos aparece el marido y... en lugar de enojarse, en un primer momento se queda mirando la situación, excitado. Se empieza a tocar el pantalón y se acerca para ver de más cerca. Yo ya he desabrochado la blusa y me estoy comiendo esas preciosas tetas, lamiéndolas con tesón para quitar la cerveza de ellas. El marido, mirando el trapo que ha traído en la mano, tiene una idea: lo utiliza para taparle los ojos a su mujer. Así lo hace, atándoselo desde detrás del sofá.
A partir de este momento, ella no sabrá quién le toca. Desde atrás, el marido empezará a comerle el cuello a ella y a tocarle los pechos con mucho morbo, mientras yo he bajado a zonas más húmedas para continuar secando. Sin embargo, lo que me encuentro en su entrepierna dista mucho de estar seco... su chochito está empapado y voy a tener que dedicarme a conciencia en él. Así lo hago. El marido se desnuda y se pone de pie en el sofa, de espaldas a ella, para que ella le coma los huevos. Yo he dejado el chochito y recorro sus piernas hasta llegar a sus pies. Tiene las uñas pintadas en rojo y eso me excita mucho. La descalzo y me beso lentamente cada dedo del pie, mientras ella se toca el coño y sige comiendo huevos. Llegados a este punto, nuestra excitación roza máximos y nos desnudamos del todo.
Una vez desnudos, el marido y yo la colocamos a nuestro antojo sobre el sofá. La ponemos a cuatro patas para que se la coma a uno y el otro la coma a ella por detrás. La tumbamos en el sofa boca arriba y mientras uno se la folla el otro le penetra la boca a ella por el otro lado. Ella gime y no puede parar de disfrutar, aunque no sabe qué polla la penetra en cada momento. Finalmente, le como el culito mientas se la chupa al marido y consigo penetrarla poco a poco en el culo. Hacemos una doble penetración y los dos eyaculamos entre gritos, mientras ella recibe dos pollas y se vuelve loca por la situación. Nos limpiamos un poco y nos tumbamos en el sofá. Le quitamos el trapo de los ojos a ella y nos fumamos un cigarrillo mientras nos mantenemos callados, disfrutando del orgasmo.
Al acabarnos el cigarrillo, ella romperá el silencio y nos comentará que si no nos importa ella se va a pegar una ducha, que está sudada, llena de cerveza, saliva y semen. Así que nos abandona y nos quedamos el marido y yo a solas, charlando de lo bien que había estado. Le comento que con esto había cumplido una fantasía, que era hacer un trío con una pareja en una situación muy morbosa. Él me comentaba que siempre había querido hacer un trío con su mujer, le excita mucho ver como otro hombre disfruta de ella. Mientras charlábamos, sin embargo, me vino una idea a la cabeza. Le comenté si alguna vez había masturbado a su mujer con la alcachofa de la ducha. Él me dijo que no, pero que le parecía excitante... así que en segundos nos levantamos y nos dirigimos a la ducha.
Entramos al lavabo sin hacer mucho ruido y abrimos la mampara. La encontramos a ella de espaldas, duchándose y echándose el pelo hacia atrás. El marido se mete con ella en la ducha y la empeza a besar con pasión. Yo, desde fuera, observo y empiezo a excitarme de nuevo. El marido la coge, la tumba en la bañera, saca la alcachofa de la ducha y le da con el chorro de agua caliente a presión en el chochito. Ella disfruta, no había notado nunca esta sensación. Me acerco y ella nos coge las pollas como puede y empeza a manosearlas, aunque estén todavía flácidas. Estamos así un buen rato hasta que ella nos dice que basta, que vayamos a la habitación y que esperemos allí. Así lo hacemos.
Una vez allí, ella toma el control de la situación. Nos pone a los dos de rodillas en la cama, de espaldas a la pared y atados con las manos detrás. Ella nos mira lentamente y con mirada lasciva indefensos ante ella, desnudos, postrados, a su merced. Nota como a nosotros nos excita mucho la situación, cómo la miramos con mucho deseo. Se siente muy deseada, siente que cada centímetro de su cuerpo nos provoca un deseo supremo. Nuestros miembros empiezan a ponerse erectos, pero no podemos tocarnos al estar atados. Ella los mira y se pone en frente nuestro a masturbarse con fuerza. Se excita viéndonos impedidos, sin poder ni tocarnos ni tocarla, y de vez en cuando hace amagos de tocarnos, pero no lo hace. Juega con nosotros y con su clítoris. Cuando ve que nuestras pollas están al máximo, se acerca y se las mete por el coño o por el culo, siendo ella quien decide la cantidad de polla que se mete dentro y la frencuencia. Finalmente, nos desata y la follamos como conejos, de manera frenética, hasta corrernos. Nos tumbamos en la cama. Estamos exhaustos.
Yo me levanto y les digo que tengo prisa y que les llevaré su problema legal. Voy al comedor, me visto y me despido de ellos, que están desnudos al lado de la puerta. Antes de irme, ella me da un beso en la boca que me deja completamente loco.
Bueno, este relato erótico lo escribí el otro día y me ha parecido interesante colgarlo y compartirlo. Si alguna pareja, a su vez, desea convertirlo en realidad, que me agregue a la siguiente dirección: eldeseomuevenuestrasvidas@hotmail.es
Soy un chico de 25 años con estudios universitarios, muy morboso, educado y pasional. Físicamente soy una persona normal, de complexión atlética, moreno....
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